lunes, 13 de abril de 2015

Evolución del diario escrito: del mundo en papel a escribir en un mundo global


El diario escrito es una práctica muy curiosa. Es una obra literaria de un autor para un único lector: él mismo. Es una liberación, una manera de exteriorizar sentimientos, de desahogarse o simplemente analizar experiencias vividas para reflexionar sobre ellas.

Se trata de una obra íntima, una obra en la que escribir libremente cualquier aspecto personal que jamás se le contaría a otra persona. De hecho, algunos diarios disponen de cerradura para evitar que otros lectores puedan acceder a los escritos íntimos que este contenga.
Roberto Cueto, en su texto Vlogma: El videoblog o la privacidad globalizada, se pregunta por el origen de estos diarios: “El diario parece consecuencia directa de cierto aumento de la privacidad en la historia social occidental. Al tiempo que se produce un crecimiento de la población que amenaza con convertir al hombre en número, surge la necesidad del nombre, de una individualidad que se manifieste como única e intransferible.”


La historia del ser humano se ha basado siempre en la convivencia en grupo, en la vida en comunidad: todos forman parte de un todo y todos hacen su parte para que el todo funcione. Ahora surge esa necesidad de individualidad de cada uno de los individuos que componen esa comunidad, una necesidad de ser algo más que una parte de un todo, una necesidad de ser un “todo individual”.

Por lo tanto, la necesidad de escribir un diario se debe a la necesidad de emplear el tiempo de ocio (alejado del tiempo de trabajo en grupo) en uno mismo, en la individualidad de cada autor.


Pero el mundo se ha seguido moviendo, y con él, el diario.

Donde hace años, la noche frente al televisor representaba “un momento familiar”, ahora los jóvenes emplean esta misma noche en sentarse frente al ordenador. Y no es de extrañar, como hemos dicho, el ser humano necesita reivindicar su individualismo y huir de vez en cuando del grupo, de ese orden familiar y ese gobierno patriarcal.
Donde años antes el ser humano expresaba su individualismo en su diario, ahora lo hacen… también en su diario, pero ya no en papel, sino en su ordenador, en internet. Es lo que conocemos como blog.

El blog es la evolución directa del diario escrito como consecuencia de la digitalización que venimos años sufriendo en todos los aspectos de nuestra vida. Donde antes encontrábamos un cuaderno con una llavecita ahora encontramos un ordenador con una contraseña. Pero hay una gran diferencia, como dice Roberto Cueto “Si el diario pertenece al ámbito de lo íntimo, los blogs son, en cambio, más propios del ámbito de lo privado. La privacidad es esa tierra fronteriza entre lo íntimo (no exteriorizable) y lo público (exteriorizable): sus materiales son exteriorizables exclusivamente a una serie de individuos que cuentan con el permiso adecuado”. Y es que, si el autor de un diario escrito guarda por todos los medios que nadie lea las intimidades que escribe, el autor del blog no se arriesga a escribir asuntos demasiado íntimos, ya que su fin es precisamente que alguien lo lea.


De esta manera existe otro equilibrio (a parte del mencionado entre íntimo y público): ya no hablamos ni de vida comunal, ni de individualismo, pues el autor del blog escribe en solitario, para sí mismo, pero se siente parte de una comunidad cuando otros “bloggers” leen su blog e incluso le añaden comentarios.

La exteriorización de sentimientos, análisis y reflexión de experiencias deja poco a poco de tener importancia, y el número de lectores se convierte en lo más relevante. El blogger deja de dedicarse ese tiempo libre a sí mismo para dedicárselo a sus lectores, y para ello comienza a seguir las normas de todo “buen blog”: inmediatez cronológica, frecuencia, enfoque…todo ello para satisfacer más los deseos de los lectores que los del autor (todo lo contrario a lo que ocurre con el diario escrito original).



Esta evolución del diario escrito se convierte en un ejemplo más de cómo la globalización y digitalización destruye poco a poco nuestras personalidades y nuestra individualidad para convertirnos en exclavos de la digitalización. El valor personal ya no existe, sólo la opinión que los demás tienen de nosotros, a través de lo que escribes y compartes con el resto del mundo.

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